La Biblia y la Estela de Mesha rey de Moab (en tres partes)

  • 1 de Oct, de 2020

Parte III: La Casa de David

Otro pasaje impresionante de la estela (línea 10) es el testimonio de que gente de la tribu de Gad vive en la ciudad de Atarot “desde siempre”, coincidiendo con la información de Josué 17 de que la ciudad de Atarot es una especie de enclave de Gaditas dentro del territorio de la tribu de Rubén.

“Desde siempre” se entiende desde tiempos muy antiguos, cientos de años. Pero más impresionante todavía es el relato detallado (líneas 14-18) acerca de la conquista de la ciudad israelita de Nebo.

En la biblia es bien conocido el Monte Nebo, la famosa montaña y sus alrededores en tierra de Moab, lugar del segundo recibimiento de la Ley y de la muerte de Moises, pero nada dice la biblia acerca de una ciudad del mismo nombre, y eso a pesar de las listas detalladísimas de las ciudades de las diferentes tribus, incluidas las dos tribus y media de Cisjordania.

No sólo eso, sino que el relato acerca de la conquista de la ciudad de Nebo es diferente al de las demás ciudades israelitas que Mesha dice haber conquistado. A las demás ciudades por lo general simplemente las enumera.

En unas pocas, como Atarot, nos brinda más información, pero Nebo es especial: a diferencia de las demás ciudades, aquí Mesha dice que se dirigió a la conquista de la ciudad de Nebo por orden explícita de Kemosh “y me ordenó Kemósh: ve y conquista a Nebo de los israelitas”.

 

A continuación nos relata que luego de combatir contra la ciudad desde el amanecer hasta el mediodía logra conquistarla, y ejecuta en ella los siguientes actos:

A. mata a toda la población incluidos niños y niñas y explica que lo hizo como un “jérem” a Kemosh-Ishtar. “Jérem” en la biblia es el término usado en Josué 6 para describir el acto de exterminio de la ciudad de Jericó por orden de Dios. Paralelismo único.

B. Seguidamente al exterminio dice Mesha “Y tomé de ahí los utensilios de YHWH y los llevé delante de Kemosh”. Ésta frase única implica lo siguiente:

1. En la ciudad de Nebo había un templo donde se adoraba al Dios de Israel, y este templo era conocido y famoso hasta el punto que Mesha veía en su destrucción un acto simbólico muy importante, al parecer bajo la concepción teológica muy difundida en la zona del dominio territorial de las deidades nacionales.

2. La descripción de la estela incluye una “evidencia de silencio” de que los israelitas, a diferencia de lo acostumbrado en los pueblos vecinos, adoraban a su Dios sin hacer su imagen: la costumbre en la antigüedad era, antes de destruir los templos de una ciudad enemiga conquistada, tomar las imágenes de los dioses respetuosamente, destruir el templo, y conducir la imagen hacia el templo del dios de los vencedores, lo cual significaba simbólicamente el reconocimiento del dios vencido a la superioridad del dios vencedor. La terminología usada en esos casos – por ejemplo en textos mesopotámicos – es “llevé a [nombre del dios vencido] y lo presenté delante de [nombre del dios vencedor]”, o algo similar. Aquí Mesha da cuenta de que llevó solo los utensilios, muy similarmente al relato de la captura del arca por los filisteos.

En el año 1994, más de 120 años después de la publicación de la estela, el epígrafe francés André Lemaire solicitó y recibió un permiso especial de realizar un nuevo estudio de la “facsimile” guardada en el Louvre bajo estrictas condiciones climatizadas para preservarla, ésta vez usando las tecnologías más avanzadas del momento.

Su estudio produjo resultados dramáticos: en la línea 31 (conservada parcialmente en la piedra), cerca del final de la inscripción, se puede leer claramente en las nuevas fotografías “BT[D]WD” (בת[ד]וד), es decir “la Casa de David” casi completamente salvo la letra D (dálet).

El anuncio de Lemaire explotó cómo una bomba en el aire ya de por sí cargado de las acaloradas discusiones acerca del reino de David y Salomón entre maximalistas y minimalistas, y esto por dos razones:

A. Si el rey de Moab en el siglo IX da cuenta de que la dinastía real en el reino de Judá es “la Casa de David”, esto significa que ésa dinastía fue fundada por un rey llamado David – hecho negado por los minimalistas más recalcitrantes – de acuerdo a la costumbre en los idiomas de la zona de denominar así a los reinos, a nombre del fundador de la dinastía reinante.

B. Poco tiempo antes del descubrimiento de Lemaire, en el año 1993, el arqueólogo A. Biran excavando en la antigua ciudad de Dan en el norte de Israel – ciudad fronteriza con los arameos en el siglo IX –, descubrió una inscripción grabada en piedra (hoy expuesta en el Museo de Israel en Jerusalén) erigida por un rey arameo al conquistar la ciudad de manos de los israelitas, justamente también en el siglo IX AEC, y en esa inscripción el rey arameo dice haber derrotado a dos reyes, el “rey de Israel”, y el “rey de la Casa de David”, es decir que la inscripción de Mesha se suma a la de Tel Dan, y las dos juntas son clara evidencia de que los pueblos y reinos de la zona eran conscientes de que la dinastía reinante en Judá fue fundada por un rey llamado David. Cómo era de esperar, esto fue tema de debate, sobre todo por la falta de evidencia de la letra D en el nombre de David.

Pero el año pasado, 2019, también esto tuvo un giro: André Lemaire y su discípulo Michael Langlois realizaron una nueva investigación de la línea 31, esta vez usando la más alta tecnología de fotografía tridimensional.

Los resultados fueron expuestos por los dos estudiosos en un cónclave de epígrafos en Jerusalén del cual tuve el honor de participar, y luego fueron publicados (más información aquí: https://www.timesofisrael.com/high-tech-study-of-ancient-stone-keeps-davidic-dynasty-in-disputed-inscription/).

Los resultados demuestran que indudablemente sí hay restos de la letra D, y el nombre David puede leerse ahora completamente. ¿Por qué Mesha nombra en su estela al Reino de Judá, siendo que su guerra fue contra el Reino de Israel para librarse de su tutela? Por dos razones:

A. Como dijimos, en esa época los dos reinos, Israel y Judá eran estrechos aliados, y esto concuerda con lo relatado en el tercer capítulo de 2Reyes, según el cual los reyes de Israel y Judá marcharon juntos a sofocar la rebelión de Mesha.

B. Si analizamos geográficamente lo descrito en la estela, las últimas líneas al parecer narran acerca de la frontera sur de Moab, ya en la zona de influencia de Judá, y no de Israel, de aquí que es tan de lamentar la pérdida del triángulo inferior derecho de la estela, que seguramente contenía información acerca de Judá.

Aún así, con sólo degustar algunos puntos de la estela cómo lo hemos hecho, queda bien en claro que a más de 120 años de su descubrimiento, sigue siendo una de las joyas epigráficas más importantes de la época bíblica.


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Dr. Daniel Vainstub

Graduado en Arqueología e Historia del Pueblo Judío en la época bíblica y en la época del Segundo Templo por la Universidad Hebrea de Jerusalén.

MA en Epigrafía y Paleografía Hebrea y Semita Occidental por la Universidad Hebrea de Jerusalén, doctorado en la Universidad de Ben-Gurion de Beer-Sheva.

Catedrático e investigador desde hace más de veinte años en la la Universidad Ben-Gurion en todos los campos concernientes a la época bíblica. Dicta cursos en el Museo de Israel. Publicó numerosos artículos.

Participa habitualmente en congresos nacionales e internacionales.

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