Tel Sheva: Excelencia en hidrología de desierto

  • 4 de May, de 2020
Canal del Agua - Tel Sheva
Canal del Agua – Tel Sheva

Una de las cosas que llaman poderosamente la atención de todo quien haya visitado los restos arqueológicos de las ciudades-fortalezas amuralladas de los antiguos reinos de Judá e Israel (siglos IX-VI AEC), son los imponentes proyectos de infraestructura hidráulica destinados a abastecer de agua a la ciudad cuando fuera ésta sitiada por el enemigo. Sobre todo sobresalen a la vista del visitante las obras hidráulicas de las antiguas ciudades de Hazor (Jatzór) y Megido en el norte de Israel con sus enormes fosos de paredes revestidas de piedras labradas y escalonados, que luego de descender decenas de metros, se vinculan a túneles horizontales que los conectan a manantiales ubicados fuera de los límites de la ciudad, conduciendo así mansamente las aguas de éstos ciudad adentro.

Pero no a ellos me referiré hoy, sino a proyectos hidráulicos no tan imponentes por su tamaño, pero sí por el ingenio magistral de sus arquitectos, ingenieros y constructores, que lograron encontrar soluciones de abastecimiento y manejo de agua en la parte más árida de la Tierra de Israel, el Néguev, que se extiende desde el Valle de Beer-Sheva hacia el sur.

En éste valle y cerca de la moderna ciudad de Beer-Sheva se encuentra el tel que preservó a través de los tiempos el nombre bíblico Shéba (no confundir con Beer-Sheva) y guarda los restos de la antigua ciudad homónima (Josué 19:2 mencionada inmediatamente después de Beer-Sheva). El sitio es hoy en día un Parque Nacional y reconocido como patrimonio de la humanidad por UNESCO. En sí era una pequeña ciudad-fortaleza amurallada de 1,15 ha (11.500 m2), que en la época del Primer Templo formaba parte de una muy amplia cadena de fortalezas de diferente tamaño a lo largo de los altos que bordean los valles de Beer-Sheva y Arad.

 

Estratégicamente el sitio goza de una posición topográfica excelente, ya que sobresale en medio de un contorno de vallejuelos que conforman el Valle de Beer-Sheva, lo que le otorga una posición de ventaja ante todo enemigo que intentare sitiarlo. Su talón de Aquiles era el abastecimiento de agua, que si no se solucionara acarrearía irremediablemente la rendición ante un sitio prolongado.

Conocedores del clima y la geología problemáticos de la zona, los estrategas y arquitectos judaítas debían echar mano a todo su ingenio para dar solución a tan aguda necesidad: el promedio anual de las precipitaciones pluviales en la zona es hoy en día 150 mm., y al parecer no era muy diferente en aquella época, la napa de agua subterránea más cercana se encuentra a una profundidad de unos 70 m. de la superficie, y toda la zona carece de manantiales que pudiesen ser usados como en las ciudades del norte.

El más antiguo proyecto hidráulico conocido en Tel Sheva fue realizado al parecer en el siglo IX AEC: un pozo de 1,8 m. de diámetro fue excavado ante la entrada principal de la fortaleza. El pozo que atraviesa más de 70 m. de profundidad hasta llegar a la napa subterránea de agua fue usado ininterrumpidamente durante siglos hasta su derrumbamiento y taponado con escombros en la época romana. En los últimos años fue limpiado de éstos y puede ser hoy apreciado por el visitante.

Pero éste medio estaba muy lejos de satisfacer las necesidades de la ciudad-fortaleza: la extracción del agua de un pozo tan profundo usando una cuerda y baldes fue reconstruida en el sitio, y también comparada con la de sistemas similares en uso hasta hoy en día en diferentes partes del mundo, y la clara conclusión de ambos es que el pozo podía servir solo para abastecer de agua a los transeúntes y sus animales, pero de ninguna manera no podía ser la fuente de abastecimiento de agua de la ciudad. Entonces, ¿cuál sería ésta?

En las excavaciones arqueológicas conducidas por el Prof. Aharoni de la Universidad de Tel Aviv en los años setenta y ochenta del siglo pasado, un indicio parecía apuntar a la solución de ésta incógnita: en la esquina norte-este del tel, se podía apreciar una gran concavidad con lo que parecía ser el comienzo de una escalera cuadrada de tramos múltiples cómo las usadas en los fosos de los proyectos hidráulicos de Hatzor, Megido o Gabeon. Pero, de serlo así, ¿hacia dónde podrían conducir esas escaleras sabiendo que a diferencia de esos sitios, aquí no existen manantiales a los cuales pudiesen dirigirse?

La incógnita se resolvió recién en los años noventa gracias a las excavaciones realizadas por la Autoridad de Parques Nacionales de Israel y conducidas por el Prof. Herzog de la Universidad de Tel Aviv, durante las cuales se develó todo el ingenioso sistema hidráulico, el cual luego fue luego acondicionado para la visita del público. Resultó ser que la fuente de agua del proyecto hidráulico era uno de los cauces del arroyo que surca el Valle de Beer-Sheva al pie del tel.

Pero antes de describir el proyecto hidráulico, detengámonos a observar algunas características propias de la geografía de la zona para que podamos comprender mejor aquél: en la Tierra de Israel las lluvias caen solo en la época comprendida aproximadamente entre septiembre/octubre (festividad de Sukót o Tabernáculos) y marzo/abril (festividad de Pésaj). Esto hace que muchos de los arroyos acarreen agua solamente en esa parte del año y estén secos en el resto. En las zonas áridas del país, cómo el Néguev, sucede otra particularidad: las pocas precipitaciones anuales caen muy desproporcionalmente. Su mayoría suele caer en pocas rachas muy intensivas, lo que causa que los arroyos pasen de repente de estar secos, a convertirse en intensos y violentos aluviones que se llevan a su paso todo cuanto se encuentre en camino.

Todas éstas características geográficas han influido mucho el imaginario bíblico y la idiomática hebrea. Por ejemplo, en el famoso salmo 126 se suplica a Dios que el retorno del Pueblo de Israel a su tierra sea alegóricamente “cómo los aluviones del Néguev”. Aprovechar el agua de un cauce de semejantes características no era tarea fácil. Era necesario “atrapar” rápidamente una gran cantidad de agua durante un aluvión y conducirla de alguna manera hacia un reservorio donde se conservaran durante el resto del año. El reservorio debería ser excavado en la profundidad del tel, a un nivel más bajo del alcanzado por las aguas del aluvión. Eso es exactamente lo que se hizo aquí, y de acuerdo con los resultados de las excavaciones surge que el proyecto fue planificado y concretado en conjunto con las murallas que rodean la fortificación y ensamblado con ellas.

El proyecto hidráulico consta de cuatro partes:

1. El foso de acceso en la esquina norte-este de la fortaleza, de forma cuadrada con cinco tramos de escaleras pegados a sus paredes. Las paredes del foso están prolijamente recubiertas con estratos de bloques de piedra y marcadamente inclinadas para evitar desmoronamientos.

2. El reservorio de agua compuesto por cinco compartimientos con una capacidad total de unos 700 m3 excavados en la roca, cuyas paredes y piso fueron recubiertos por una capa de argamasa para asegurar su impermeabilidad y un túnel de cinco m. de largo que lo une con el foso de acceso.

3. Complejo de suministro del reservorio de unos 50 ms. de largo y compuesto de un sistema de canales y cámaras para apaciguar las aguas, sumergir lodo y piedras que pudieran ser arrastrados por el torrente, y eliminar excedentes. Uno de los canales de éste sistema penetra al tel por debajo de la muralla camufladamente y ensamblado a ella.

4. Un dique en un cauce cercano destinado a desviar parte de la corriente del aluvión hacia el complejo de suministro. Ésta es la única de las cuatro partes que no sobrevivió los avatares del tiempo, pero su deducción es obvia.

El proyecto hidráulico ensamblado con las murallas fueron construidos a fines del siglo X o principios del IX, por el rey Salomón o por su hijo Roboam. Con el pasar del tiempo la fortaleza fue destruida y vuelta a construirse tres veces, en las cuales el sistema hidráulico sufrió ciertas modificaciones. La cuarta destrucción acaeció en el año 701 AEC a manos del rey asirio Senaquerib y en tiempos del rey Ezequías. Sin duda fue ésta una de las “ciudades de Judá” mencionadas en 2 Reyes 18:13.

Después de ésta última destrucción el tel quedó en ruinas. En el foso y el reservorio se fueron acumulando escombros y tierra hasta taparlos totalmente, pero para asombro de los arqueólogos y a diferencia de lo ocurrido en otros sitios, éstos se conservaron casi intactos, tal así que después de desalojar de ellos todos los cúmulos, el visitante puede hoy bajar por las escaleras del foso pisando los mismos escalones originales, y visitar el reservorio casi intacto tal cual lo hicieron hace más de 3.000 años los lugareños. Son muchas las obras hidráulicas en la zona sur del país destinadas a dar soluciones puntuales de abastecimiento de agua en la época, pero al parecer ésta es la más ingeniosa y mejor conservada descubierta hasta ahora.

* tel = colina artificial producto de la acumulación de ruinas de antiguos asentamientos 

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Dr. Daniel Vainstub

Graduado en Arqueología e Historia del Pueblo Judío en la época bíblica y en la época del Segundo Templo por la Universidad Hebrea de Jerusalén.

MA en Epigrafía y Paleografía Hebrea y Semita Occidental por la Universidad Hebrea de Jerusalén, doctorado en la Universidad de Ben-Gurion de Beer-Sheva.

Catedrático e investigador desde hace más de veinte años en la la Universidad Ben-Gurion en todos los campos concernientes a la época bíblica. Dicta cursos en el Museo de Israel. Publicó numerosos artículos.

Participa habitualmente en congresos nacionales e internacionales.

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